PUNTOS DE VISTA

¡Ojo con los estudios de viabilidad económica en los proyectos de innovación privados! Fernando Moreno Brieva, investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid

Tradicionalmente, en Chile se han evaluado los proyectos económica y financieramente por medio del Valor Actual Neto (VAN), la Tasa Interna de Retorno (TIR) y el Período de Recuperación de la inversión (PRI o pay back), luego de proyectarse los flujos a diferentes períodos de tiempo, entre los que se destacan a 5, 10 o 30 años, como los más habituales. Exigiéndose, en la academia, que todos los estudiantes que creen un proyecto deban presentar los resultados de tales indicadores.

Esta formalidad ha sido ampliamente aceptada en el país, fundamentalmente, porque los proyectos que se realizan en Chile son con bajos niveles de incertidumbre, que no es medible, como si lo es el riesgo, que se calcula gracias a indicadores de dispersión como la desviación estándar y el coeficiente de variación, junto a otros métodos probabilísticos.

Como los mercados son cada vez más dinámicos y el país desea ingresar en la senda de proyectos innovadores, que en algunas ocasiones pueden ser bastante disruptivos, es decir, que no se limitan a la mejora significativa de los productos o procesos anteriores. Aparece el cuestionamiento de Gonzalo León y Antonio Hidalgo en su libro “La Gestión de la Innovación y la Tecnología en las Organizaciones”, que es imposible determinar de manera bastante apegada a la realidad, el VAN, TIR o PRI, en los proyectos de innovación catalogados como radicales.

Ante tal problemática, nace la necesidad que los docentes dejen en claro, que tales herramientas son muy útiles solo en escenarios de baja incertidumbre, donde incluso se pueden hacer estudios de sensibilidad, para incorporar variables no medidas, como por ejemplo, los cambios en los hábitos que puedan ser desfavorables para algún producto, por el desarrollo de tecnologías alternativas, en que se puede evaluar el porcentaje de baja en los ingresos a iguales costos, que puede resistir un determinado proyecto para que el VAN sea cero y, por ende, éste cumpla al menos con la expectativa determinada a través de la tasa de descuento.

Se debe recalcar que, en la actualidad, las empresas del área informática y telecomunicaciones, o con alto nivel tecnológico, lo que se efectúa es el establecimiento de un supuesto para testear un proyecto con una versión básica en el mercado. En caso que la evidencia sea negativa, se trabaja con otro supuesto o definitivamente se deja de lado el proyecto, porque en un mundo dinámico, se puede perder la oportunidad de efectuar otras iniciativas, que puedan ser más rentables.

Como complemento del párrafo anterior, si en los años setenta le hubiesen exigido a Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne, el resultado del estudio de viabilidad del mercado, en que se hubiese realizado una encuesta a personas, que no eran del mundo de la informática hasta ese entonces, pocas habrían estado dispuestas a comprar el Apple 1 (el primer computador personal de la mencionada compañía), por encontrar que ese aparato era muy complicado y, consecuentemente, si les hubiesen exigido el cálculo de los tres indicadores de viabilidad económica, que se comentan en esta nota, seguramente los resultados habrían establecido que no se debía efectuar dicha iniciativa. Hoy en día, el exitoso resultado de las versiones más modernas de tal innovación está propagada a nivel global y cambió el mundo para siempre.

Un caso anecdótico fue lo sucedido a fines del siglo XIX, cuando Samuel Clemens (conocido como Mark Twain) compró una de las primeras máquinas de escribir fabricada por la empresa Remington, y a los 6 meses se la regaló a un amigo, debido a que la encontró muy complicada. Pasado un par de décadas, nadie dudó del éxito de las máquinas de escribir, que fueron evolucionando desde las que escribían solo con mayúscula, pasando a modelos con dos secciones de teclado (una con letras mayúsculas y otras con minúsculas), para finalizar con las eléctricas poseedoras de una pantalla digital.

Por todo lo anterior, se recomienda que el VAN, TIR y PRI sean usados solo cuando reflejen realmente un futuro altamente probable, incluso si se desea, considerando los respectivos estudios de sensibilidad.